17 octubre 2015

Sobre el Lobo estepario de Hermann Hesse

Debo admitir que de no ser porque se trata de una lectura necesaria para el estudio de la novela moderna jamás, o al menos eso creo, lo hubiera intentado leer de nuevo. El texto se compone de tres partes: la primera, es la introducción escrita por un desconocido del que nada sabemos, salvo que es un buen “cristiano” con costumbres burguesas (eso de “cristiano” es un decir),  una persona ordinaria que no gusta de las complicaciones, vive en armonía con su espíritu puesto que ha decidido no oscilar entre los extremos del vicio o la santidad y mantenerse en el centro de la estabilidad, también aburrimiento -pero esto es algo que él mismo no se cuestiona-, entonces, ¿qué de importante tiene reparar en este personaje del cual jamás se escribirá una novela? (o quizás sí, si se convirtiera en cucaracha), acaso la única razón es la de ser el sobrino de la casera del Lobo estepario, Harry Haller, el protagonista de esta historia, con quien entabló cierta amistad con un halo de intimidad propia de las cartas y que testimonia la existencia, la realidad, de nuestro sufrido héroe, visto a través de la mirada de un hombre sano.
     La segunda parte es la historia que de sí mismo escribe Harry Haller, hombre de costumbres hurañas, casi un misántropo, anclado a la humanidad por la predisposición que tiene a la comodidad prometida en toda casa que se precie de tener valores burgueses. De entrada, observamos que Haller es un hombre insatisfecho, hastiado incluso de esa misma comodidad a la que recurre para recordar que no pertenece a esos aromas y calores de lo que comúnmente llamamos hogar y que al mismo tiempo repudia por la suficiencia de sus rutinas, por la mediocridad de su espíritu: 
“Es algo hermoso esto de la autosatisfacción, la falta de precauciones, estos días llevaderos, a ras de tierra, en los que no se atreven a gritar ni el dolor ni el placer, donde todo no hace sino susurrar y andar de puntillas”.*
En este tipo de reflexiones se encuentra el lobo estepario cuando en una de sus correrías nocturnas llega a sus manos el Tractat del Lobo estepario (No para cualquiera) y que constituye la tercera parte que compone el libro, de éste no sólo diremos que es exasperante por el escrutinio irritante del yo. Sé bien que no es el propio Haller quien lo hace, no obstante, nadie mejor que él pudo hacer esa indagación de su propia alma, además ¿quién no ha jugado con este recurso literario al examinarse a sí mismo aunque duela hasta el tuétano? Todo el tiempo me resultó chocante este reconocimiento sin tregua en la que no había ninguna acción más que puras ideas con la necesidad imperiosa de explicarlo todo y en el que sin embargo descansan algunos de los grandes temas del alma alemana: la unidad espiritual, el doble y la multiplicidad, el retorno a la Madre Naturaleza vuelto suicidio y que pone en diálogo a autores como Novalis, Goethe, Nerval, Stevenson. Es chocante, pero necesario, el espíritu moderno experimenta una constante duda respecto a sus valores en una realidad que no se ajusta a ellos. Así como Harry Haller o Hermann Hesse experimentaron la transición entre lo antiguo y lo moderno, ahora a nosotros nos toca vivir la transición entre lo moderno y lo posmoderno. Por supuesto que algunas cosas han cambiado y por eso la exigencia de nombrar a esta “nueva era”, empero hay algunas dudas que perduran en nuestra alma colmada de contradicciones. Ahora ya no nos debatimos entre si la música de moda es una aberración y la música llamada clásica verdadera música. Hoy alguien en el metro puede ir escuchando a Sidney Bechet en su ipod o walkman mientras un vendedor ambulante de música pirata ofrece “lo mejor de la música clásica en un solo disco: Tchaikovski, Bach, Vivaldi”. Es verdad que ya no experimentamos esa nostalgia por el pasado que está a punto de extinguirse para siempre. No obstante, la guerra en contra de la que está el lobo estepario aún existe; el vacío que deviene de descubrir lo superfluo en la naturaleza humana aún causa dolor y el sentido del futuro que para HH lo único que merece es una navaja de afeitar, para nosotros se ha poblado de catástrofes naturales y apocalipsis zombies. No somos tan diferentes. 
Antes de llegar a la tercera parte del libro, y a propósito de éste, iba cavilando mientras caminaba en que lo único que podría salvarnos del presente es el golpe de lo inesperado, para bien o para mal: un accidente. Algo que cambiara nuestra vida para siempre, que de esta forma le diera sentido. Así, después de mi enfado por el tractat me vino un soplo de aliento cuando el destino le presenta a Armanda, su hermana espiritual (otra idea cara para los alemanes) y quien tiene la misión de salvarlo, esto es, de enseñarle a vivir.  De esta suerte, tal vez no sólo se trate de conocernos a nosotros mismos, de profundizar en nosotros tanto como nos sea posible, sino de aprender a amar la vida con todo y sus disonancias. Intentar reconstruirnos con nuestros múltiples yos las veces que sean necesarias. 


*HESSE, Hermann, Lobo estepario, México, Compañía general de ediciones, 1956, p.39

08 octubre 2015

De la exégesis del sueño (a la luz de Deleuze y Pink Floyd)

No hay nostalgia peor que añorar lo que nunca jamás sucedió...
Sabina

Aconteció la vida juntos. La otredad dejó de ser extraña para volverse familiar, necesaria. Como siempre, cometí actos fallidos. Mi afición por encubrir esa perentoria necesidad que tiene el deseo de manifestarse a costa del infame dolor que pueda generar, hizo traicionar mi propia voluntad, cuando en realidad lo único que me hubiera gustado hacer era sentarme en tus piernas y besarte, interminablemente. El sueño lo descubrió todo, ¿por qué incluso en el sueño era capaz de traicionar el deseo puro, libre de máscaras? La costumbre de evadir una destrucción. Sin embargo ahí está el sueño y su naturaleza profética. Si no para la vida en vigilia, si para la vida que transcurre en el sueño, en donde también soy. Despierto un segundo y vuelvo al sueño, apareces de nuevo en él, en la cotidianidad de los días por venir. Traes un suéter anaranjado, el pelo te ha crecido y me saludas con una gran sonrisa. Un par de días después, una canción espléndida me devuelve a Deleuze, una canción que me regaló Praga: Atom heart mother de Pink Floyd. El texto, Del acontecimiento

Que en todo acontecimiento esté mi desgracia, pero también un esplendor y un estallido que seca la desgracia, y que hace que, querido, el acontecimiento se efectúe en su punta más estrecha, en el filo de una operación, tal es el efecto de la génesis estática o de la inmaculada concepción. El estallido, el esplendor del acontecimiento es el sentido. El acontecimiento no es lo que sucede (accidente); está en lo que sucede el puro expresado que nos hace señas y nos espera. Según las tres determinaciones precedentes, es lo que debe ser comprendido, lo que debe ser querido, lo que debe ser representado en lo que sucede. Bousquet añade: "Conviértete en el hombre de tus desgracias, aprende a encarnar su perfección y su estallido." No se puede decir nada más, nunca se ha dicho nada más: ser digno de lo que nos ocurre, esto es, quererlo y desprender de ahí el acontecimiento, hacerse hijo de sus propios acontecimientos y, con ello, renacer, volverse a dar un nacimiento, romper con su nacimiento de carne. Hijo de sus acontecimientos y no de sus obras, porque la misma obra no es producida sino por el hilo del acontecimiento (Gilles Deleuze, "Del acontecimiento" en Lógica del sentido, Barcelona, Paidós, 2005).







05 octubre 2015

Presentación de libro

Amigos, les comparto la feliz noticia: el 9 de octubre se presentará el libro Consideraciones hermenéuticas en torno al arte y al poder, el cual tuve la oportunidad de coordinar junto con el Dr. Fernando Ayala Blanco. La cita es a las 11 hrs en la sala Fernando Benítez de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales, Ciudad Universitaria. Ajúa!



03 febrero 2015

Los motivos del caníbal

La primera parte de mi último artículo en la maravillosa PENUMBRIA

http://www.penumbria.net/los-motivos-del-canibal-i/

Disfrútenla!
ROLAND TOPOR

10 enero 2014

4 de octubre del 2013



Se hace necesario recuperar el ímpetu, el amor por la vida y por aquello que dentro de nuestro corazón sabemos que es justo. Se hace indispensable recuperar el deseo de escribir, aunque no se sepa qué, aunque creamos que no tenemos nada que decir, aunque los días parezcan todos iguales.

01 junio 2012

The enchantress

The enchantress, 1868
Heinrich Lossow

01 mayo 2012

Der Erlkönig

Hermosa animación japonesa concebida a partir de la composición para voz y piano de Franz Schubert, escrita en 1815. El compositor vienés usó como texto de su lied el poema Erlkönig de Goethe quien, a su vez, se inspiró en una leyenda danesa, traducida al alemán por su compatriota Herder, titulada La hija del rey de los elfos que apareció en Canciones populares de 1778.








El rey de los elfos 

¿Quién cabalga tan tarde entre la noche y el viento?
Es el padre con su hijo.
sostiene al hijo en sus brazos,
lo abraza firmemente, lo mantiene tibio.
“Hijo mío, ¿por qué escondes tu cara con tanto miedo?”


“Padre, ¿no ves al rey de los elfos?
¿El rey de los elfos con su corona y su séquito?”
“Hijo mío, es una mancha de niebla”

“Querido niño, ¡ven conmigo!
Jugaré hermosos juegos contigo,
hay muchas flores brillantes en la orilla,
mi madre tiene muchos ropajes de oro.”

“Padre mío, padre mío, ¿no oyes
lo que el rey de los elfos me promete suavemente?”

“Ten calma, mantén la calma, mi niño,
es el viento que susurra en hojas secas.”

“¿Vendrás conmigo, valiente niño?
Mis hijas te atenderán bien.
Mis hijas guiarán el baile cada noche
y te arrullarán, bailarán y cantarán para ti”.

“Padre mío, padre mío, ¿no ves por allá
a las hijas del rey de los elfos en aquel lugar solitario?”

“Hijo mío, hijo mío, veo perfectamente que son
los viejos sauces que se ven muy grises”.

“ Te quiero, estoy encantado por tu hermosura,
y si no quieres venir ¡tendré que usar la fuerza!”

“Padre mío, padre mío, ¡me está sujetando ahora!
¡El rey de los elfos me ha hecho daño!

El padre se estremece y cabalga rápidamente,
en sus brazos sostiene al niño que gime.
Con sudor y esfuerzo llega al patio;
en sus brazos descansa el niño muerto.


Johann Wolfgang von Goethe, 1782

17 diciembre 2011

de un cuaderno compartido

En otra vida canto de pájaro fui,
en el vientre de tu madre escuchaste mi trino,
siempre has sabido mi voz...

Reencarné en silencio.