Para Peligro Carta de Julio Cortázar a Alejandra Pizarnik, 24 de junio de 1966 Hace dos días ocurrió aquí en Saigón una cosa nimia y horrible a la vez. Aurora oyó un gran golpe en el cristal de la ventana que mira hacia los valles, y me llamó asustada. Yo comprendí enseguida lo sucedido, aunque jamás había sucedido antes; fue una especie de conocimiento previo al conocimiento. “Es un pájaro”, le dije, y me bastó asomarme para verlo muerto en el césped. Era uno de esos pajaritos muy hermosos que hay por aquí y que llaman grives. Cuando lo levanté, caliente y sin la menor huella del golpe, con los ojos abiertos y todavía una apariencia de respiración (luego vi que era la brisa que levantaba un poco el plumón del buche) sentí que de alguna manera la muerte no estaba allí presente como hubiera podido estarlo, en su forma más abominable, si ese pájaro hubiera sido atrapado por un gato o por una perdigonada que lo hubiese desangrado lentamente. Pensé en lo sucedido: un pájaro que vuela con ...