Ir al contenido principal

Entradas

Mostrando las entradas de 2011

Recuerdos de Chancome

A Jano

El mal vidriero

Hay naturalezas puramente contemplativas y absolutamente ineptas para la acción, pero que, sin embargo, bajo un misterioso y desconocido impulso, actúan en ocasiones con una rapidez de la que ni ellos mismos se creerían capaces. Por ejemplo, quien temiendo que su portero le dé una mala noticia, ronda cobardemente durante una hora ante su puerta sin atreverse a entrar; o quien se guarda durante quince días una carta sin abrirla, o no se resigna sino al cabo de seis meses a hacer una operación necesaria desde hacía un año, se sienten, a veces, como flecha de un arco, bruscamente precipitados a la acción por una fuerza irresistible. El moralista y el médico, que creen saberlo todo, no pueden explicar de dónde les viene con tal rapidez una energía tan loca a esas almas perezosas y voluptuosas, ni cómo resulta posible que, siendo incapaces de llevar a cabo las cosas más nimias y necesarias, encuentren en un momento un valor de lujo para ejecutar los actos más absurdos, y, a menudo,...

Todos Santos

De los días en que las almas de los difuntos transitan, una vez más, entre los que aún tenemos cuerpo, este año le dedico mis ofrendas a Gérard de Nerval, quien se inició en los secretos de la muerte el 25 de enero de 1855. Nerval en 1853, Daguerrotipo de Adolphe Legros EPITAFIO Vivió alegre unas veces como un estornino, A ratos amoroso, indolente y sensible, Otras sombrío y soñador como un triste Pierrot, Un día oyó que alguien golpeaba a su puerta. ¡Era la muerte! Entonces le rogó que esperase  A que pusiera el punto a su postrer soneto; Y después, impasible, fue a tenderse en el fondo Del cofre frío donde su cuerpo tiritaba. Era un perezoso, según cuenta la historia, Dejaba resecarse la tinta en su escritorio. Todo quería saberlo más nada conoció. Y al llegar el momento en que, harto de esta vida, Una noche de invierno, fue raptada su alma, Se fue de aquí diciendo: "¿Para qué he venido?" Gérard de Nerval

Coppelius

Hoffmann transfigura la leyenda del hombre que noche a noche visita los lechos de los durmientes echando polvo mágico en sus ojos para hacerlos soñar, en la pesadilla de un niño acosado por el terrible Coppelius, Der Sandmann o El hombre de arena, quien en otras versiones del mito es un malvado ser que arranca los ojos de la gente dormida para dárselos de comer a sus crías. Magnífica adaptación del cuento romántico publicado en 1817.

Sirena agarrada a un monstruo marino montado sobre las olas

Giovanni Maglioli, 1580-1610

Germaine de Staël, la mujer que desafió a Napoleón Bonaparte (audio)

http://ia600409.us.archive.org/34/items/pasajes_staelvsnapoleon/16_-_staelvsnapoleon.mp3 Retrato de  Madame de Staël  como Corinne  por Marie Louis Vigée Lebrun, 1808

El fumador

El fumador Templo de la cruz. Palenque, Chiapas Tabaco . Los indios tupinambá del Brasil atribuían al tabaco diversas propiedades, en particular las de esclarecer y mantener gallardos y alegres a quienes usan de él. El mago, al soplar humo de tabaco sobre los guerreros, pronunciaba estas palabras: A fin de que dominéis a vuestros enemigos, recibid el espíritu de la fuerza . Se decía también que el humo soplado sobre el paciente reforzaba el poder mágico de su aliento. En numerosas tribus de indios del alto Amazonas, se proyecta jugo de tabaco a los ojos del candidato a chamán, para darle el don de la clarividencia.  Jean Chevalier, Diccionario de los símbolos.

Vestigios

Diciembre, 2010 vestigios por Laura Martínez Abarca se encuentra bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-CompartirIgual 3.0 Unported .