18 noviembre 2010

Nocturno fuego

La noche siembra senderos mórbidos de improvisada lucidez en la mente de la niña, 
la de pelo azabache y ojeras guinda...

Dicen que abrió el cajón de la cerradura y vistió alas azules 
y en el tragaluz de doña Herminda gritó "Azorka no volará conmigo"

Los más fatalistas  la imaginan caer en el aliento del Mictlampa, 
en ráfagas empañadas de un viento dolido de ser nada
                                             
la verdad 

no había nadie

Ahora sueña con los ojos abiertos. 
Ni sustos, ni gotas, ni el sufrimiento de las alas arrancadas pudieron cerrarlos

No despertará nunca más, dicen 
Es el grito de las aves incendiadas, digo 
El silencio, siente Azorka, lo devolverá a ella.

3 comentarios:

Berenoise West dijo...

¡He venido a leerle!

elemea dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Cartas en la noche dijo...

Me emociona escuchar esas palabras, sobre todo en estos días duros en que lucho cuerpo a cuerpo con un tumor, y contra el temor -también- a "no ser nada"...como la protagonista de tus versos afilados ...