05 octubre 2005

El beso

Nadie te había besado así. Te inundaba un dolor de infinito placer. Gemías. Sentías la carne empapada y bendecida por su piel, suave y fría. Cuando te soltó no lo pudiste soportar. Miedo. Caíste sobre el ardiente lecho de sepia y ella arrastrándose continuó su arenoso camino.

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